Los hechos

Poco a poco llegan respuestas a la carta de Toledo. De 18 ciudades con voto en Cortes contestarán 10. Las 4 andaluzas descartan por completo la iniciativa. Por todo el país empieza una campaña de agitación que dará lugar a diversos incidentes. En ese sentido, el conflicto va a empezar en torno a la elección de los procuradores que debían representar a las ciudades. Ahí hacen aparición, entre otros, los clérigos, como ya comentamos. El Emperador da órdenes estrictas y literales para que los corregidores presionen a los ayuntamientos para el pago. Su deseo es que los procuradores voten ciegamente todo. En las asambleas de Valladolid se oye decir que eran las mismas condiciones que se le exigían a un esclavo. El Emperador da también órdenes para que no se permita que en los debates de las ciudades participe ninguna persona ajena a los ayuntamientos. Evidentemente eso no pasará, sino todo lo contrario: las clases populares cada vez exigen más participación en los ayuntamientos.

En Salamanca, un grupo de franciscanos, agustinos y dominicos presentan al ayuntamiento un programa concreto de reivindicaciones, que va a ser asumido por la ciudad y comunicado al resto de ciudades para que lo asuman. Es la famosa “Carta de los Frailes de Salamanca”, donde se exige que el rey no se vaya del reino y que las Cortes no den consentimiento a su partida, que no se permita sacar dinero del reino ni pagar las rentas de la corte flamenca, que los beneficios que se producen en Castilla no vayan a parar a los reinos europeos, que no se den cargos públicos a los banqueros alemanes e italianos, ni a los industriales flamencos que acompañan a Carlos, ni se les traspasen a estos los negocios con América, etc. Incluso se pide regular el precio del oro, anticipándose a la “revolución de los precios” de décadas posteriores que generará una crisis de competitividad de los productos castellanos frente a los producidos en Europa. En definitiva, se le recuerda al rey que Castilla no es una colonia pues el reino «no es obligado a ninguno de los otros ni sujeto ni conquistado ni defendido de gentes extrañas». Parece que estos frailes eran perfectamente conscientes de la importancia del papel de Alemania y Flandes en el Imperio y cómo eso puede suponer la ruina económica y la subordinación política de Castilla. No olvidemos que estamos en pleno apogeo de la Escuela de Salamanca.

La Carta de los frailes de Salamanca tuvo un impacto fundamental en la revolución de las Comunidades. Zamora, Madrid y Ávila cambiarán su postura en Cortes después de recibirla. Y supondrá la base teórica de las demandas comuneras. En las Cortes de Santiago, Salamanca verá vetada su participación como ciudad rebelde. Toledo ni siquiera participará, declarándose en rebeldía. En Valladolid, hay una asamblea general donde se lee la carta de los frailes de Salamanca y se decide exigir al ayuntamiento que no pague el servicio mandando por Carlos V.

 

En las Cortes de Santiago, se hace un llamamiento a que los reinos peninsulares, y en concreto Castilla, se sacrifiquen en nombre de un Imperio cuya misión superior es salvar a la cristiandad. Un discurso grandilocuente que no acaba de cuajar entre el pueblo. Los representantes de León, ciudad comunera, encabezan la protesta en las Cortes. Pero finalmente, uno tras otro, los procuradores de todas las ciudades acaban aceptando las peticiones del Emperador, tras diferentes maniobras de persuasión, amenazas y sobornos, y Carlos V marcha hacia Flances, dejando al mano del reino al cardenal holandés Adriaan de Utrech.

Esta corrupción descarada será lo que haga estallar a las ciudades castellanas en los próximos meses, empezando por Toledo en abril de 1520. La revuelta se extiende de una ciudad a otra, y el la insurrección se convierte en la toma de todos los poderes municipales por parte de la Comunidad, expulsando a parte de la nobleza servil al Emperador.

Será en el verano de 1520, con todas las ciudades levantadas, cuando se pase de revuelta a revolución. El 8 de junio, Toledo envía una carta al resto de ciudades convocando a una reunión para tratar los problemas del reino. Es el precedente de la Junta revolucionaria. La propia convocatoria es un acto revolucionario: es el reino autoconvocándose sin el Rey. El propio Adriaan de Utrech le indicará por carta al Emperador que las ciudades quieren organizar el reino “aunque Vuesa Majestad fuese forçado a ello”: la nación por encima del Rey. Dicha convocatoria tiene 5 puntos, en la línea del programa de Salamanca: anular el servicio votado en Cortes, volver al sistema de encabezamientos, reservar los cargos públicos y eclesiásticos a castellanos, prohibir las exportaciones de dinero y nombrar un regente castellano Según Joseph Pérez, en la conciencia de las ciudades castellanas “la integración de Castilla en el Imperio se presentaba cono una catástrofe nacional: el grandísimo daño del reyno”. Las primeras ciudades en aceptar el llamamiento de Toledo son Salamanca, Segovia y Toro, que se reunirán en Ávila en agosto, conformando la Santa Junta comunera.