Desde la Comisión Ciudadana del V Centenario de la Revolución Comunera queremos hacer público el nombramiento de Luis López Álvarez (La Barosa, 1930) como Presidente de Honor del V Centenario de la Revolución Comunera.

Desde la Comisión entendemos que el profesor berciano, que ahora supera los 90 años, es el candidato ideal de pleno consenso para recibir una distinción simbólica como esta. López Álvarez hizo una contribución fundamental a la recuperación del legado comunero a través de los versos del poema de Los Comuneros, escrito en 1972, con el que varias generaciones de castellanos y castellanas hemos aprendido a amar nuestra tierra y nuestra historia y que además da letra al Canto de Esperanza que entonamos cada año. Desde los primeros Villalares, se convirtió en una figura ligada a la celebración y al movimiento comunero. Queremos además poner en valor una biografía marcada por su enorme trabajo intelectual y su labor para la paz y  cooperación internacional  que le ha llevado a recibir numerosas condecoraciones.

La Junta de Castilla y León, en una pirueta intelectual e histórica difícil de sostener, incluso podría pensarse que maliciosa, decidió hace unos días otorgar al Rey Felipe VI la presidencia de los actos oficiales. No queremos detenernos demasiado en la que es simplemente una más en la lista de decisiones contrarias al sentimiento popular de la ciudadanía de Castilla y León tomadas en el último año. No podemos si no alegrarnos de que, en un acto de honestidad, decidieran también borrar el nombre de Villalar de una Fundación que no representa ni respeta su legado. Aprovechamos de paso para recordar la total ausencia de la Comunidad de Madrid y la Junta de Comunidades de Castilla – La Mancha en la celebración del V Centenario, incumpliendo el compromiso que asumieron con la firma del Convenio entre Comunidades.

Cerramos este comunicado con unos versos del poeta, Presidente de Honor de este V Centenario popular:

«Los procuradores tornan

pesarosos a su Tierra,

que antes de partir juraron

que nunca el servicio dieran.

Mas el que manda acostumbra

a sobornar las conciencias

de los que el pueblo envía

portador de sus protestas.

Pero no hay traición que quede

por mucho tiempo secreta:

de la traición de los suyos

los castellanos se enteran.»